EFE
Desde la primavera de 2019, el Servicio de Impuestos Internos de Estados Unidos (IRS) otorga deducciones fiscales a los ciudadanos que donen dinero al Templo Satánico. Esta organización que desde 2013 rinde culto al diablo tiene el mismo estatus que las instituciones benéficas y que las iglesias, sinagogas y mezquitas. La organización satánica ha sido incluso autorizada recientemente a tener presencia en bases militares estadounidenses.
Para los cristianos fervientes la autorización a los adoradores del maligno por parte del gobierno de Trump y Mike Pence, supuestamente cristianos devotos, es una herida infligida en el corazón de muchos, pero al fin y al cabo es parte de los signos que configuran el cumplimiento de la profecía bíblica, con la Bestia y la Ramera haciendo gala de sus conductas engañosas para desviar a los auténticos creyentes.
Los seguidores del Templo Satánico visten mayoritariamente de negro e invocan a menudo a Satán. Dicen defender la libertad social y religiosa en un país que, en teoría, es oficialmente laico.
"La suya es una surrealista defensa de la separación de la Iglesia y el Estado ante el cada vez más popular y agresivo discurso ultraconservador" afirma el diario español El País en un reportaje donde defiende al grupo y muestra su admiración por el mismo.
Lucien Greaves, fundador del grupo satánico, asegura haber pasado de tres a 50.000 miembros en tres años . Ese ascenso es objeto del documental Hail Satan?, dirigido por la cineasta Penny Lane y presentado en Sundance London tras proyectarse a principios del año en la edición estadounidense del festival.
“Ser ateo es aburrido. No tienes una iconografía ni una comunidad con la que puedas reunirte”, comenta uno de sus miembros en un momento de la película. Lane rebaja varios enteros la ironía de estas palabras. “Lo que defienden es que ser ateo es una posición demasiado pasiva. En estos momentos de crispación, se necesita pasar a la acción y luchar por los derechos de todos”, comenta durante la presentación de la cinta en Londres.
Un ejemplo de sus acciones en defensa del demonio es la encarnizada lucha que mantienen desde hace años en el Capitolio de Oklahoma. Allí se decidió colocar una enorme estatua con las tablas de los diez mandamientos, como las de las películas clásicas de Cecil B. DeMille. El Templo Satánico contraatacó construyendo la suya propia, financiada por micromecenazgo. Reproduce una figura de Baphomet, un dios de cabeza animal relacionado con el satanismo, al que le han puesto el torso de Iggy Pop, supuestamente para defender al resto de opciones religiosas minoritarias.
Enloquecidos por su odio a Dios, esta organización fundada nada menos que en Salem, sostiene que la Biblia no hace más que recordar que Satán era un tipo bastante relajado y tolerante. “Si Eva no llega a caer en la tentación de la manzana, ¿qué clase de vida le hubiese esperado? Una de total servidumbre y sin libertad de elección”, comenta Jex Blackmore, que durante años ha sido portavoz oficial del movimiento “Cuando Jesucristo pasó 40 días en el desierto en ayunas, se presentó Satán para decirle: 'Eh, no hace falta que hagas esto. Bebe un poco de agua, hombre”, comenta otro de sus miembros en el documental, burlándose del Hijo de Dios.
A medida que el discurso del Templo Satánico se ha ido haciendo más popular, más alarmas han saltado en los movimientos religiosos de Estados Unidos.
"Juegan con símbolos, palabras e ideas que todo el mundo conoce y que relaciona con algo muy negativo. Hay estadounidenses que se toman muy en serio la dicotomía de cielo e infierno y de Dios y el Diablo. ¿Puede que su ironía nuble su verdadero mensaje? Seguro. Pero no creo que les importe mucho. No pretenden ser populares ni convertir a aquellos que no entienden lo que están haciendo”, defiende la directora, la que al parecer desconoce por completo lo dicho en la Biblia.
Tomar la figura de Satán (y de Dios) en vano tiene una explicación en la oleada de pánico a Satán que recorrió Estados Unidos entre las décadas de los 70 y los 90. En esos años, los programas de televisión se llenaron de historias sobre una sociedad secreta que asesinaba y abusaba de niños en nombre del diablo. Las supuestas víctimas colaterales de estos ritos eran los invitados estrella en los programas de la influyente Oprah Winfrey. El tiempo demostró que esos sucesos no eran reales.
“Hay una generación, que es la mía y la de la mayoría de los miembros del Templo Satánico que aparecen en el documental, que creció viendo esas fake news en televisión. El descubrir que nada de eso era cierto definió en cierto modo nuestra forma de ver el mundo”, explica Lane.


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